martes, 13 de noviembre de 2012

martes, 29 de mayo de 2012

La elaboración del movimiento entre el bebé y el adulto.
Datos obtenidos de la revista Saccom. Sociedad Argentina para las Ciencias Cognitivas (Silvia Español)

La elaboración del movimiento entre el bebe y el adulto (Silvia Español)

Los estímulos que los adultos ofrecen al bebe.

Datos obtenidos de la Revista Saccom. Sociedad Argentina para las ciencias cognitivas de la música (2007)

En el momento de nacer, los seres humanos, son indefensos, y poco desarrollados. Se pasas por una instancia de inmadurez prolongada, un período de neonatenia extenso, en donde se necesita del cuidado del otro. Es durante ese período los sonidos y movimientos que recibimos y emitimos tejen una matriz cuya importancia para el desarrollo estamos empezando a comprender.

Según las teorías evolucionistas las causas del nacimiento precoz de los humanos, se debe:

1)   El crecimiento del cerebro requiere de la rica estimulación del medio extrauterino o de fuentes de alimentos más rica que el intrauterino.

2)   El cambio en la configuración de las pelvis y el estrechamiento del conducto natal, propio de adoptar la posición bípeda, limitando el crecimiento del cráneo del feto humano, acelerando el nacimiento.

3)   El nacimiento precoz y la continuación de la gestación fuera del útero tuvieron efectos drásticos en la evolución del hombre. Con el bipedismo, se manipulan las herramientas al dejar las extremidades superiores libres, no afectó sin embargo la manera de relacionarse con el medio ambiente natural, sino que marcó al mundo social humano modificando las características de los adultos de la especie.

Las formas parentales han tenido consecuencias decisivas en la evolución de características específicas de los adultos humanos. Una de las consecuencias decisivas fue el cambio radical de la modalidad del vínculo con el congénere.

El andamiaje parental abrió las puertas a que un ser (indefenso) y otro ser (su cuidador) entraran en un contacto íntimo de sentimientos amasado casi con una única materia: el tiempo.

Y en cada díada adulto-bebé de nuestro mundo, se repite una y otra vez, cada vez, el entendimiento (o desentendimiento) a través del lenguaje del tiempo.

Acontece especialmente durante los primeros 6 meses de vida del bebé en el cual el hacer conjunto de la díada, prescinde de los objetos del medio y todo ocurre mirándose a los ojos pero también luego, cuando empiezan a incorporarse los objetos.

Ambos compartes patrones de sonidos y movimientos, interactuando corporalmente y conociéndose a través de la organización temporal.

Una de las consecuencias evolutivas mas destacadas de la sofisticación de los sentimientos (fruto del andamiaje parental) fue hacernos seres para el arte.

Para Ellen Dissanayake, el extenso periodo de neonatenia, de la cría humana, creó una presión selectiva para la proximidad psicogénica y para los mecanismos cognitivos que aseguran un extenso y mejor cuidado maternal.

Esto fue el motivo, de la elaboración de conductas filiativas presentes en otros primates, como expresiones faciales, gestos, movimientos y sonidos mediante su modelado dinámico, rítmico y transmodal. Para atraer la atención del bebé, los padres elaboran sonidos y movimientos ordinarios: repiten (frases, movimientos, sonidos, expresiones, expresiones faciales) y exageran (sus contornos melódicos, su amplitud, su duración y las pausas ente ellos),

La emoción de las pautas filiativas y lo que ello creaba, conducen a una  experiencia placentera, intersubjetiva entre el bebe y el adulto.

Estas experiencias intersubjetivas están en la génesis del arte.

Es por eso que a lo largo de la evolución humana las sociedades se han apropiado de la capacidad de responder a tales elaboraciones, (repeticiones y exageraciones de ritmos y modos que por medio del cambio y la novedad crean una expectativa y por tanto engendra y configuran una trayectoria emocional, y las han usado en las ceremonias rituales y en las tempranas artes temporales (la música y la danza).

…”las modificaciones de la estimulación parental muy probablemente varíen de una cultura a otra, pero lo que parece atravesar a todas las culturas es que los adultos cuando nos dirigimos a los bebés, hablamos, gesticulamos, tocamos y/o nos movemos de manera diferente a cuando nos dirigimos a otros congéneres. Tal homogeneidad de comportamiento se debe a que la elaboración de la estimulación parental, es producto de nuestro pasado evolutivo. La estimulación parental es por tanto una especie de bautismo cultural a través de las artes.

Lo que más se ha estudiado y se conoce en la actualidad   es la cualidad musical- rítmica y melódica del habla parental (Schifres). Pero también se ha desatacado que los bebés reciben información musical no solo auditiva, sino a través de otras modalidades, como la táctil. En realdad se ha observado que los adultos brindan una abundante estimulación elaborado en todas las modalidades disponibles para el bebé, visual, auditiva, táctil, kinestésica. Por eso Stern (1985) y posteriormente Dissanayake (2001) consideraron que tanto lo que los adultos hacen cuando se dirigen a los bebés como aquello que los bebés perciben principalmente en el periodo de intersubjetividad semeja una performance multimedio.

A su vez Español y Schifres (2003), señalaban que durante el segundo años de vida, bastante antes de adquirir el núcleo estructural básico del lenguaje, los bebés se transforman ellos mismos en performance, en seres que bailan o cantan, en respuesta a la estimulación que reciben.

El vaivén evolutivo, entre arte e infancia, justifica el propósito de analizar que el adulto y bebé  hacen con las herramientas de las artes performativas, en particular, de las artes temporales performativas, es decir la música y la danza. Si la música es el arte del sonido en el tiempo, la danza es el arte del movimiento en el tiempo; y de sonido y movimiento esta hecha la estimulación parental.





Datos obtenidos de la Revista Saccom. Sociedad Argentina para las ciencias cognitivas de la música (2007). Actas de la Vl Reunión.

La ejecución parental

Los componentes performativos de las interacciones temprana. Favio Schifres (2007)



Las interacciones entre adultos y bebés han sido vistas como manifestaciones protomusicales, evocan modos de producción, organización, recepción y comunicación musical. Los bebés humanos, dan muestras muy tempranas de una fuerte predisposición para la música (Papousek M. 1996). Esta predisposición se corresponde con un interés marcado de padres y otros  adultos cuidadores en proporcionar ambientes ricos en estimulación musical. Además  de estas acciones más o menos conscientes de los adultos sobre los entornos de los bebés y niños pequeños, existe un conjunto de conductas adultas que constituyen una fuente de estimulación musical temprana.

Algunos investigadores denominan parentalidad intuitiva, una habilidad general e intuitiva de los adultos para proteger, alimentar, estimular, y enseñar los rasgos de la cultura a sus infantes. Esta parentalidad se expresa en el habla dirigida al infante a través de un conjunto de rasgos de la cultura a sus infantes. Esta parentalidad se expresa en el habla dirigida al infante a través de un conjunto de rasgos claramente musicales que pueden ser analizados en términos de ritmo, melodía, contrapunto, calidad sonora, etc. Los rasgos melódicos, del habla dirigida al infante entrarían estrechamente vinculados de la excitación y la atención, soporte didáctico para los aprendizajes sociales, modelos para el aprendizaje vocal y fonológico y para la adquisición de los componentes prosódicos del lenguaje (Papousek 1996). De este modo, los rasgos del habla dirigida al infante resultan centrales en la enculturación lingüística.

Mas allá de la importancia lingüística de los rasgos musicales de la parentalidad intuitiva, la música parece también caracterizar aspectos medulares de la capacidad comunicacional no lingüística del infante, así como de la experiencia del si mismo y del mundo a través de una predisposición por compartir impulsos, intereses, acciones y significados con el mundo adulto.

La alta sofisticación de movimientos de miembros, cabeza y rostro que despliegan los bebés muy pequeños da cuenta de esta predisposición para tal acontecimiento. El análisis detallado de estos movimientos, muestra una organización conforme de invariantes temporales que intervienen en la noción de si mismo del bebé (Stern 1985) y que se combinan en patrones que se superponen de manera poliritmica (Trevarthrn 1999/2000). Estas conductas son una manifestación apreciable de la actividad de un sistema neurológico que funciona desde el nacimiento, la forma motora intrínseca.

Este pulso motor intrínseco se hace evidente en comportamientos de los infantes (movimientos orientaciones de la atención, respuestas expresivas, etc.). Este sofisticado manejo temporal de los movimientos explícitos ha inducido a Coboyn Trevarthen a hablar de una musicalidad de las conductas. Para él, la extendida neonatenia de los humanos hace pensar que seguramente el preciosismo de esos movimientos está puesto al servicio de la comunicación y la imitación (como capacidades iniciales) más que de la locomoción y la manipulación (habilidades que emergen tardíamente en los humanos).

Stephen Malloch (1999/2000) tomo la música como modelo para definir y caracterizar la musicalidad comunicativa como una habilidad innata y universal que se activa en el nacimiento y que es vital para la comunicación sociable satisfactorio ente la gente. Específicamente se define como la habilidad para congeniar con el ritmo y el contorno del gesto (motor y sonoro). La música, como  actividad única en los seres humanos   constituye una de las tantas manifestaciones de esta habilidad a lo largo de la vida.